Adolfo Sánchez Vázquez
"(...) los fines expresan idealmente determinada necesidad que solo puede ser satisfecha transformando la realidad, por ello el fin no puede quedarse en su plano ideal, sino que exige ser realizado, materializado para satisfacer la necesidad que el mismo expresa."
Esta profunda reflexión del filósofo y profesor emérito Adolfo Sánchez Vázquez nos comunica un anhelo, una esperanza, una utopía. Crítico del "socialismo real" y convencido impulsor de la teoría marxista, su discurso es fundamental en la transformación de nuestra realidad social. Fallecido el 8 de Julio de 2011 a los noventa y cinco años de edad, el pensador y maestro de muchas generaciones de estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra casa de estudios, es autor de una obra filosófica vasta que aborda temas tan importantes como la ética, la estética y la política. Su filosofía siempre mantuvo un hilo conductor, la praxis: “actividad subjetiva y objetiva, a la vez teoría y práctica”, es decir, como la unión entre pensar el mundo y la acción transformadora.
Exiliado por la guerra civil española, el autor de Filosofía de la Praxis fue acogido junto con centenares de compatriotas por el pueblo de México y su gobierno –aquél encabezado por el General Lázaro Cárdenas. Inició sus estudios en la Universidad Central de Madrid (hoy la Universidad Complutense) y los continuó en la Universidad Nacional Autónoma de México, para finalmente doctorarse en Filosofía en 1966.
Sánchez Vázquez consideró el proyecto socialista de la Revolución Rusa de 1917 como una alternativa a la dominación capitalista, pero trágicamente éste desembocó en la monopolización del proceso de transformación y reproducción social, su estructura política se burocratizó en plena ausencia de democracia y se impuso con medidas coercitivas, convirtiéndose en un régimen de terror, en un sistema más de dominación y explotación social. Sin embargo, es de resaltarse, por su congruencia, sinceridad y valentía, la sólida defensa que él hizo de la vía socialista-comunista en tiempos donde el derrumbe del “socialismo real” favoreció la imposición de la creencia de que la teoría marxista había llegado a su límite y con ella un proyecto de sociedad distinto al capitalismo.
El trabajo crítico y propositivo de nuestro filósofo desemboca en la férrea convicción de que la utopía o diseño de una nueva realidad descansa en la organización social: el socialismo trata de contrarrestar la “desmovilización de las conciencias” basándose y teniendo como soporte a la teoría marxista. Así el filósofo localiza el concepto de praxis como fundamento del quehacer reflexivo propio del marxismo, al cual entendía como “(…) crítica de lo existente y en particular del capitalismo y de sus males sociales (…), proyecto, idea o utopía de emancipación social (…), conocimiento de las posibilidades de transformación así como de las condiciones necesarias, de las fuerzas sociales y los medios adecuados para ello”.
Karl Marx
Como trabajadores sindicalizados adquirimos derechos, obligaciones y compromisos que están establecidos en nuestro Estatuto, y con ello nuestro sindicato se encamina en la vía de la transformación de la realidad social, tal como se expresa en la “Declaración de Principios”: “Su acción parte del reconocimiento y aceptación de la lucha de clases como medida adecuada para abolir las relaciones sociales de explotación capitalista y arribar a una estructura social incluyente, participativa y democrática donde se suprima la explotación del hombre por el hombre y reine la fraternidad y la solidaridad entre los verdaderos productores de la riqueza: los trabajadores.” Estas bases, establecidas en el Estatuto, nos rigen como organización, constituyen las normas y principios como única forma de garantizar el ejercicio democrático del debate y por una libre discusión de ideas y propuestas, como medio para evitar la descomposición burocrática en las estructuras de base y dirección en la vida sindical. Las violaciones y omisiones de éstas rompen con el diálogo político honesto que es imperativo establecer por medio de las prácticas laborales y discursivas de los trabajadores dentro de esta noble institución, la UNAM; más aún, alejan al sindicalismo de esa crítica radical a la injusticia y debilitan la conciencia de clase obrera.
En plena crisis de la política, tanto dentro de nuestro sindicato como en todo el espectro nacional, cabe preguntarnos: ¿Podríamos construir una nueva praxis política distinta a la forma dominante que se erige como política ajena a los intereses de la comunidad? ¿Una práctica política que exprese realmente la capacidad de los individuos para tomar las riendas de su Historia? Creemos que el discurso crítico de Adolfo Sánchez Vázquez es una tarea obligatoria para todo trabajador y trabajadora que aspire a un sindicalismo diferente.
Colectivo 27 de Marzo STUNAM