lunes, 3 de septiembre de 2012

Los Trabajadores del STUNAM ante la Crisis Interna y Social.



“La lucha del tipo sindicalista es pues incapaz de modificar la estructura del sistema […] se limita a reivindicar en el campo de los consumos individuales, del ocio, en una palabra del no trabajo, compensaciones al hecho de que el obrero siga siendo un no hombre en su trabajo […].” (André Gorz).


Como trabajadores, universitarios y jóvenes nuestras vidas han transcurrido en estas últimas tres décadas entre las crisis, el estancamiento y la decadencia social, situaciones y condiciones similares que la mayoría de los jóvenes compartimos en este México crudo y a veces bizarro. Este espacio-tiempo en el que el desenvolvimiento de nuestras cortas vidas se  ha visto obstaculizado por la carencia, la debacle económica, la falta de oportunidades de educación, culturales y deportivas, la discriminación y marginación, la violencia sin razón –en los últimos años atroz–, la desintegración familiar, las adicciones –a las drogas, al alcohol y tabaco–, han sido constantes en la vida de la juventud mexicana. Sin  embargo, frente a tales procesos la diferencia la marcan el amor sincero y la educación. La Universidad es la alternativa para una juventud que no cree más en lo que este país y sus gobernantes ofrecen. La Universidad es ese otro espacio-tiempo en el que se sincronizan y conviven las actividades y discusiones académicas y políticas, las deportivas y culturales, las lúdicas y de expresión libertaría, las actividades informativas, de servicio social y a la comunidad, los conciertos, la diversión y la alegría se entrelazan con la organización y el compañerismo. Sin intención de decir que no hay problemas dentro de nuestra universidad, esas cualidades son las que la constituyen verdaderamente y más profundamente que su maniquea y burocrática institucionalidad. Por lo que la UNAM nos ha dado y representa para el despliegue de una sociedad mejor para los jóvenes, tengo el compromiso y la obligación de hacer una crítica constructiva de ese tiempo-espacio que me ha tocado vivir y producir, aquel de nuestro quehacer político sindical.

En estos no tan pocos años que tengo de trabajar para esta noble institución, he visto ingresar y jubilarse a mis compañeros, unos se van dejando buena parte de su vida y fuerza, otros entran con la esperanza de tener una vida mejor a través de un empleo estable, pero en ese espacio-tiempo que existe entre ambas generaciones se erigen pseudo valores y actitudes –incluso hasta heredadas– que han derivado en la despolitización, la coacción, la corrupción, la apatía y la indolencia, todas cualidades negativas de  la vida sindical y que una vez arraigadas en el trabajador son muy difíciles de extirpar. Pero un buen y eficaz trabajo político y de organización fundamentado en nuestros más preciados instrumentos y logros, como el Estatuto de nuestra organización sindical y el Contrato Colectivo de Trabajo vigente –además de sus no menos importantes Reglamentos y  Normatividades derivadas–, debería ser suficiente para detener esta descomposición invisible, obscura y “aparentemente inexistente” para algunos. Empero, la estructura política operativa de nuestro STUNAM –Congreso General, Consejo General de Representantes, Comité Ejecutivo, las Asambleas Delegacionales, los Delegados Sindicales, las Comisiones Mixtas Contractuales, autónomas y de fiscalización– no está exenta de estos nefastos rasgos de burocratización y decadencia.




Conformismo




El momento actual caracterizado por el proceso de concentración económica, técnica y financiera en un reducido grupo de empresas y grupos de poder político-económico –monopolios, oligopolios nacionales y/o trasnacionales– que les permite tomar decisiones determinantes que afectan a la sociedad en su conjunto y a nuestro planeta. En este proceso el “Estado moderno” ha jugado el papel de regulador o (desregulador), de tal forma que el interés general queda subordinado al interés de esos grupos, es decir, supeditados al interés y la lógica del Capital globalizado. Las condiciones materiales y sociales de la expansión privada-capitalista han sido financiadas con fondos públicos: exenciones  fiscales, subsidios, rescates bancarios, carreteros, etcétera. En este contexto, las decisiones fundamentales las toman las oligarquías económicas y políticas que escapan al control y el interés de la sociedad, es decir al conocimiento y la deliberación de las mayorías debido al ocultamiento de la información sobre los negocios privados y el “secreto de estado”; hechos que han propiciado el desgaste de las instituciones representativas, ya sean partidos o sindicatos, que a la larga se han convertido en correas de transmisión burocráticas, de negociaciones arbitrarias, es decir, permitiendo la manipulación y el control de los trabajadores, impidiendo la posibilidad de la organización, de crear y ejercer una voluntad colectiva.



El uno para el otro



La vida democrática bajo el capitalismo ha entrado en crisis, provocando el desinterés de los trabajadores, reduciendo sus expectativas a la lucha economicista-individualista, de tal forma que logre un nivel de vida “cómodo” y sin visión del futuro: ¡consume y cállate! Porque la exigencia de una “vida mejor”, en términos cuantitativos, puede ser absorbida por el capitalismo (André Gorz).




Naranjo




El desafío más importante  para los trabajadores en la actualidad, es la lucha contra los efectos del  desarrollo capitalista voraz, elevar el nivel de conciencia de la lucha a librar en la perspectiva de construir otra estructura económica y política de desarrollo diferente al capitalismo es estratégicamente esencial. Hablemos claramente: los trabajadores deben superar el carácter conformista de sus luchas y anhelos a las leyes y reglas del capitalismo para retomar el camino hacia la construcción de una estrategia que recupere la vigencia y necesidad del socialismo.

La crisis civilizatoria que hoy nos aqueja impone a los trabajadores la necesidad de avanzar y consolidar la organización, pues las reivindicaciones tradicionales como las actuales ya no pueden ser logradas sino en el plano de una lucha más general, esto es, que involucre todas las reivindicaciones sindicales: estabilidad en el trabajo, condiciones impecables de trabajo, mejoras salariales, empleo para todos, seguridad social, etcétera; todas implican objetivamente una lucha frontal contra la rigidez creciente del sistema y su voraz lógica de acumulación y devastación.



Convención Nacional Contra la Imposición, Atenco, 2012



En el construcción de la alternativa de la clase trabajadora y por ende de la sociedad, las luchas de diversos sectores –como el #YoSoy132, el SME, los mineros, los comuneros, los pueblos, los profesores, los campesinos, los zapatistas, entre muchos más– deberán articularse para constituir un frente de vanguardia –proceso que ha comenzado ya con la primera Convención Nacional Contra la Imposición celebrada en Atenco el pasado 14 y 15 de julio. Creemos firmemente que la experiencia del STUNAM puede aportar mucho para lograr la unificación de las luchas, pero para ello es importante una reflexión hacia el interior de nuestra organización, que permita desde la crítica revertir los peligros de una creciente despolitización no solo de las instancias de dirección sino de la base trabajadora, que ha llevado al retroceso de algunas reivindicaciones que, paradójicamente, dieron origen al mismo sindicato. La politización, la capacitación sindical y la movilización con cohesión solidaria con las más recientes expresiones y movilizaciones de los últimos meses se erigen como la única vía para trascender más allá del capitalismo y transformar nuestra realidad social.


Agosto del 2012


COLECTIVO 27 DE MARZO STUNAM

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