Desde
su fundación y por su naturaleza, el Colegio
de Ciencias y Humanidades (por
cierto, hoy Escuela Nacional, como
consecuencia de las reformas que se hicieron a partir del año de 1995 y que
también implicaron la desaparición de las materias de Ética y Estética) es
una institución que va de la mano de la revisión y superación
constante de los programas académicos, pero siempre en la perspectiva filosófica
que le dio sustento:
En
un principio el modelo educativo del CCH partía de: […] la crítica al enciclopedismo, como tendencia educativa […]. Y
buscaba: […] El impulso a un plan de
estudios que proponía formar un tipo de cultura que privilegiara el aprender a
aprender […]. En donde: […] la
concepción del maestro como orientador en el proceso de aprendizaje y promotor
de la enseñanza activa; el profesor como guía y compañero […]”
(Gaceta
UNAM, 1º Febrero 1971).
.
Sin
embargo, en nuestros días reformar
significa adecuar los planes de estudio para capacitar a los estudiantes de
acuerdo a los requerimientos del mercado, formando cuadros técnicos
medianamente calificados, “competitivos” y “emprendedores”.
Ante
los acontecimientos y las reacciones que han escalado preocupantemente debido a
la “toma” de la Rectoría de la UNAM y a las movilizaciones de maestros
disidentes y normalistas en varios
estados de la nación contra la reforma educativa – “[…]
autoritaria […] producto de un acuerdo cupular de la partidocracia para mantener la
violencia estructural generada desde arriba […].”(Fazio, 2013) – las autoridades de diferentes instituciones, del
gobierno local y federal, empresarios, políticos y los medios masivos de
comunicación, han emprendido una campaña nacional de desprestigio y confrontación dirigida hacia los jóvenes,
los estudiantes, los maestros disidentes y en general hacia los sujetos
sociales de transformación, críticos y organizados, contestatarios de las
medidas autoritarias implementadas unilateral y verticalmente, etiquetándolos y
estereotipándolos como “violentos”, “salvajes”, “vándalos”, “terroristas”, “intransigentes”,
entre otros calificativos despectivos.
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Días después de la pasada “toma” de la Dirección General de los CCH´s, el Secretario General del STUNAM enérgicamente calificó ante los medios de comunicación de “terroristas” a los estudiantes del Colegio de Naucalpan, sin embargo, y poco tiempo después, ante el hecho atroz y cobarde del asesinato a mansalva de un miembro de la comunidad universitaria –un joven trabajador del CCH Naucalpan y estudiante de la FES Acatlán– a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, de los detentores del uso de la “violencia legítima”: la Policía Federal; se guardó silencio (La jornada, 11 de abril de 2013: “Seis policías federales detenidos por muerte de estudiante de la UNAM.”). Para ningún representante de los trabajadores ni de las autoridades de la UNAM, ni siquiera de la propia comunidad universitaria ese acontecimiento trágico ha ameritado alguna declaración enérgica de condena y aplicación de la justicia, es como si esta violencia estatal, estructural y atroz se banalizara, se diluyera entre cifras de muertos, desaparecidos, daños colaterales y leyes para víctimas. La sociedad subordinada al Estado y al capital manifiesta una no-política, esto es, una incapacidad para romper con esa violencia de estado, tiene la convicción de que la paz y tranquilidad perpetuas no son muy lejanas de alcanzar; cree en verdad que no es posible utilizar la violencia como irrupción social necesaria contra la “violencia legítima” del Estado, esa que en los últimos años ha cobrado más de cien mil vidas en nuestro México.
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Se dice que la violencia genera violencia, en el CCH Naucalpan con la llegada del nuevo Director, Joaquín Barajas Sánchez, a la par de que se deslizaba la reforma al plan de estudios de los CCH´s, comenzó a estructurarse un plan en torno a la “seguridad” que implicó la participación de algunos trabajadores administrativos y académicos, de funcionarios y autoridades, de algunos padres de familia, en las llamadas “comisiones de seguridad” encargadas de aplicar la norma a rajatabla, ejerciendo una “violencia legítima” en aras de un supuesto orden y tranquilidad. Así confrontaron a los estudiantes, persiguiéndolos, etiquetándolos, agrediéndoles y no ofreciéndoles alternativas reales ni opciones distintas de abordar los problemas en común.
A esto se le tiene que sumar la acción de los grupos porriles que auspiciados por la burocracia universitaria y las autoridades de los diferentes órdenes de gobierno han provocado buena parte de la violencia en el Colegio (Reforma, 6 de febrero del 2013: “Desatan porros riña en CCH Naucalpan”). Sin embargo, para nosotros, como trabajadores de esta universidad, nos resulta de mucha gravedad y nos preocupa que los representantes y comisionados sindicales del CCH Naucalpan no hayan emitido una orientación de acuerdo a lo que establece el Estatuto de nuestra organización sindical, para que los trabajadores no cayeran en la provocación ni en la confrontación que la autoridad universitaria tenía ya previstas, seguramente por sus intereses personales o de grupo de poder les fue y es más conveniente estar del lado de la burocracia universitaria.
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En medio de esto, pareciera que la reforma a los planes de estudio de los CCH´s es un asunto de tercer plano, lo mismo ocurre con la “reforma educativa”, esas verdaderas discusiones son relegadas por las noticias amarillistas bombardeadas masivamente a través de les oligopolios de la televisión y la radio, noticias que enfatizan aquello que llaman “violencia irracional” del sector popular guerrerense y estudiantil.
A todas luces, la creciente rispidez entre los sectores universitarios pretende dividir a la comunidad, para ejercer y justificar la supuesta “violencia legítima”, para que vuelva el “orden y tranquilidad”. Una salida violenta podría haber sentado el precedente para solucionar así cualquier próxima “toma” de instalaciones universitarias por parte de alumnos, académicos o trabajadores.
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El día de hoy el desalojo de la Rectoría efectuado por los mismos alumnos del CCH Naucalpan en aras de evitar la polarización de la comunidad universitaria y atendiendo la propuesta de diálogo de las autoridades universitarias, muestra que las causas profundas que motivaron las acciones que emprendieron fueron la cerrazón al dialogo, el hostigamiento y la violencia institucional de la que son sujetos, así como el linchamiento mediático y cerrado a la reflexión crítica. Es imperativa la articulación de los sectores críticos de la comunidad universitaria, trabajadores, alumnos y académicos, para el trabajo político que desde las bases pueda transformar la vida universitaria, solucionar los problemas que nos aquejan y enfrentar los peligros que implica la nueva oleada neoliberal.
COLECTIVO 27 DE MARZO STUNAM
1° MAYO DE 2013




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