domingo, 12 de mayo de 2013

Bastardos sin Gloria, Metáforas de la historia de un glorioso bastardo. (Estados Unidos, 2009/Quentin Tarantino).




Por Eduardo Ledesma.


Tarantino, una vez más, consigue dar constancia del altísimo nivel que tiene como creador y como cineasta, a través de su película: Bastardos sin Gloria (Inglorious Bastards). La sorpresa se hace más grata, cuando Tarantino logra llevar a cabo, la redimension de un hecho histórico tan importante, como la persecución Nazi en contra del pueblo judío, retratada en kilómetros de celuoide, a lo largo de la historia del cine, siendo éste último, en buena medida, el gran medio que ha registrado la historia reciente de la humanidad, aquél que ha llevado a cabo la gran interpretación, de muchos de los hechos más relevantes, tanto del siglo pasado, como de éste, en el cual vivimos. Tarantino, a través de la adecuada explotación de su recurso favorito: El Western, el cine de acción, aquello que llama Gilles Deleuze en su teoría cinematográfica: La gran forma, lleva a cabo una nueva manera de ir más allá de los lugares comunes, y de redefinir la lectura cinematográfica de lo que fue la Segunda Guerra Mundial.


Una de las expectativas más fehacientes en muchos, era ver el desenvolvimiento que podría tener, una estrella hollywoodense, como lo es Brad Pitt, en un film del polémico creador de Perros de reserva. En tela de juicio, estaban las posibilidades interpretativas del actor estadounidense, aquellas que, quizá, podrían estar alejadas, de las que exige una película de tan importante director, ajeno, en buena medida, a la estética de muchos de los anteriores directores, para los que había trabajado el célebre protagonista, de varios blockbusters de la industria hollywoodense. Sin embrago, las dudas en torno a la colaboración de Pitt con Tarantino, se muestran intrascendentes, frente a la magnitud de la película que analizamos, ya que el papel de Pitt es tremendamente antagónico (incluso menos que eso) y sólo es el motivo de una parodia al cine político-ideológico, hecho en pos del enaltecimiento heroizante de los Estados Unidos, como los grandes salvadores de la humanidad en tan importante conflicto (la Segunda Guerra Mundial), al igual que de sus supuestos héroes. El personaje de Pitt (Aldo “Apache” Rainer), sólo es una ridiculización, una sobre actuación, una pose, diciendo esto sin demeritar el trabajo de Pitt. Al contrario, éste último, logra retratar a la perfección tal parodia, aquella que deseaba llevar a cabo Tarantino. De tal forma, queda claro el porqué de la elección de dicho actor. Es la caricatura del héroe de las películas de posguerra de los Estados Unidos, aquél  “héroe”, que cree saber italiano, y que, siendo de noche, saluda  en tono ridículamente gallardo, diciendo: “Bongiorno”.






Una de las cosas más importantes de las películas de Tarantino, detalle que a su vez es aquello que le permite ir más allá de los clichés, es, sin duda, la ambigüedad no maniqueista de sus personajes. El personaje de Daniel Brül (Fredrick Zoller), que parecía perfilarse como: el joven bueno, simpático y maravilloso, que es un héroe debido a su bondad (la brillante contracara del personaje de Brad Pitt: la caricatura del héroe de guerra, enaltecido a través de la creación de leyendas por parte del cine, como instrumento ideológico), y que por circunstancias ajenas a éste, tal personaje, está del lado de los nazis, pero que se redime por su propia bondad… Tarantino, también rompe con ese lugar común. Éste se quiebra, se desbarata radicalmente, al revelarse tal personaje tal como es: un complejo claroscuro  en la película de Tarantino, no en aquella de la cual él, Fredrick, es protagonista. Tal hecho es parte de la parodia misma, que construye nuestro autor. Tal desvanecimiento, sucede en la escena central del duelo de Zoller, con el personaje de Shosanna Dreyfuss (Magistralmente interpretado por: Mélanie Laurent), duelo de altísimos vuelos poéticos, por la espléndida dimensión trágica que logra construir Tarantino, de la cual tiene tremenda consciencia, como un excelente exégeta de la mejor tradición western del cine, del cine de acción, de aquella gran forma como le llama Gilles Deleuze, insisto.


 Por otro lado, el personaje de Hans Landa (Perfectamente interpretado por Christoph Waltz, correspondiendo plenamente al altísimo nivel histriónico de la película), el enemigo de la historia (magistralmente escrito, hay que decir) representa el más alto nivel al cual ha llegado Tarantino, en su uso del conocimiento de la proteica condición humana. Tal ambigüedad, queda excelentemente reflejada, por sólo poner un ejemplo, en el cruel final en el cual él (Hans Landa) es parte fundamental. Tal escena, culmina el retrato de la complejidad de un psicópata, cuyo carácter bambolea (hablando de las maravillosas ambigüedades tarantinescas), entre la ternura y el sadismo; la gracia y la violencia; lo ridículo y lo magnífico; lo extravagante y lo elegante. Todo lo anterior, hace de tal personaje, quizá, uno de los mejores y más inolvidables que ha creado Tarantino. Su rol, el de dicho personaje (Hans Landa),  anclado en tales ambigüedades, durante el desarrollo del primer capítulo de la película (magnífico, conmovedor, perfecto y poéticamente bien actuado, nuevamente haciendo gala Tarantino de su sobrecogedora conciencia del western, como gran forma del cine y de su dimensión trágico-ritual) es aquél que define el cruel sentido de todo el film, de las maravillosas ambigüedades  de la película, y de la complejidad de sus caracteres, más allá de la sensibilería ramplona, o del lugar común en los cuales se puede caer, al abordar un tema como el del holocausto, tan manoseado, ideológica y emocionalmente, por la industria cinematográfica, a veces de forma brillante, a veces de forma excesiva y a veces con fines de legitimación política, ajenos al contexto histórico del hecho en cuestión.




La lección de Tarantino, la cruel lección, retratada en el epílogo de la película es: En la historia no hay salvadores y verdugos, ni buenos ni malos, todos somos víctimas de los mismos: nosotros mismos, la humanidad. De ahí el brutal y descorazonador cierre, que muestra el sentido de la parodia encarnada en la figura del personaje de Aldo “Apache” Rainer, que rompe con cualquier lectura ideologizada del film, para criticar a “los buenos”, “los salvadores”, que, ejerciendo la violencia y la brutalidad (Estados Unidos) –quizá, en cierta forma, una muy similar a la de los nazis-, son tan indignos de elogio, como los nazis mismos. La ambigüedad metafórica que emplea  Tarantino en su retrato histórico, conlleva una crítica al maniqueísmo de la historia, a la guerra, la violencia, la brutalidad, aquella que se da a través de la brillante parodia que hace Tarantino, a través del excelente cine de acción que sabe hacer (quizá tal crítica es involuntaria por parte de nuestro cineasta… Honestamente, no lo creo: en Tarantino nada es inocente, como escribí líneas antes). No es gratuito un resultado tan excepcional como lo es esta película. Tan perfecto manejo del género, tan citado por mí, el cine de acción, es por lo que, para muchos, él, Tarantino, ha legado una nueva manera de realizar dicho género, reflejada tal influencia, en herederos magníficos de la talla de Jan Kounen, por sólo poner un ejemplo.


El fin del Tercer Reich, es metaforizado espléndidamente, dislocando  la historia, a través de la ficción en la película. Un movimiento, por parte de Tarantino, simplemente brillante (además de audaz, arriesgado y valiente), y qué mejor que a través de uno de los grandes símbolos de la condición humana: el fuego. Elemento purificador, símbolo de la vida y de la muerte, del hogar y del enemigo, así como del conflicto encarnado en la guerra. En este caso, también representa a la venganza. Quizá uno de los movimientos y de las decisiones más brillantes que ha tomado Tarantino como creador, a lo largo de su substanciosa carrera. Bastardos sin Gloria: ¡Magnífica! ¡Excelente!



miércoles, 1 de mayo de 2013

DE VIDRIOS ROTOS Y VIOLENCIA ESTRUCTURAL EN MÉXICO



Desde su fundación y por su naturaleza, el Colegio de Ciencias  y Humanidades (por cierto, hoy Escuela Nacional, como consecuencia de las reformas que se hicieron a partir del año de 1995 y que también implicaron la desaparición de las materias de Ética y Estética) es una  institución  que va de la mano de la revisión y superación constante de los programas académicos, pero siempre en la perspectiva filosófica que le dio sustento:

En un principio el modelo educativo del CCH partía de: […] la crítica al enciclopedismo, como tendencia educativa […]. Y buscaba: […] El impulso a un plan de estudios que proponía formar un tipo de cultura que privilegiara el aprender a aprender […]. En donde: […] la concepción del maestro como orientador en el proceso de aprendizaje y promotor de la enseñanza activa; el profesor como guía y compañero […]” 

(Gaceta UNAM, 1º Febrero 1971).     
                                                    .

Sin embargo, en nuestros días reformar significa adecuar los planes de estudio para capacitar a los estudiantes de acuerdo a los requerimientos del mercado, formando cuadros técnicos medianamente calificados, “competitivos” y “emprendedores”.


Ante los acontecimientos y las reacciones que han escalado preocupantemente debido a la “toma” de la Rectoría de la UNAM y a las movilizaciones de maestros disidentes  y normalistas en varios estados de la nación contra la reforma educativa  – “[…] autoritaria […] producto de un acuerdo cupular de la partidocracia para mantener la violencia estructural generada desde arriba […].”(Fazio, 2013) – las autoridades de diferentes instituciones, del gobierno local y federal, empresarios, políticos y los medios masivos de comunicación, han emprendido una campaña nacional de desprestigio  y confrontación dirigida hacia los jóvenes, los estudiantes, los maestros disidentes y en general hacia los sujetos sociales de transformación, críticos y organizados, contestatarios de las medidas autoritarias implementadas unilateral y verticalmente, etiquetándolos y estereotipándolos como “violentos”, “salvajes”, “vándalos”, “terroristas”, “intransigentes”, entre otros calificativos despectivos.


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Días después de la pasada “toma” de la Dirección General de los CCH´s, el Secretario General del STUNAM enérgicamente calificó ante los medios de comunicación de “terroristas”  a los estudiantes del Colegio de Naucalpan, sin embargo, y poco tiempo después, ante el hecho atroz y cobarde del asesinato a mansalva de un miembro de la comunidad universitaria –un joven trabajador del CCH Naucalpan y estudiante de la FES Acatlán– a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, de los detentores del uso de la “violencia legítima”: la Policía Federal; se guardó silencio (La jornada, 11 de abril de 2013: “Seis policías federales detenidos por muerte de estudiante de la UNAM.”). Para ningún representante de los trabajadores ni de las autoridades de la UNAM, ni siquiera de la propia comunidad universitaria ese acontecimiento trágico ha ameritado alguna declaración enérgica de condena y aplicación de la justicia, es como si esta violencia estatal, estructural y atroz se banalizara, se diluyera entre cifras de muertos, desaparecidos, daños colaterales y leyes para víctimas. La sociedad subordinada al Estado y al capital manifiesta una no-política, esto es, una incapacidad para romper con esa violencia de estado, tiene la convicción de que la paz y tranquilidad perpetuas no son muy lejanas de alcanzar; cree en verdad que no es posible utilizar la violencia como irrupción social necesaria contra la “violencia legítima” del Estado, esa que en los últimos años ha cobrado más de cien mil vidas en nuestro México.


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Se dice que la violencia genera violencia, en el CCH Naucalpan con la llegada del nuevo Director, Joaquín Barajas Sánchez, a la par de que  se deslizaba la reforma al plan de estudios de los CCH´s, comenzó a estructurarse un plan en torno a la “seguridad” que implicó la participación de algunos  trabajadores administrativos y académicos, de funcionarios y autoridades, de algunos padres de familia, en las llamadas “comisiones de seguridad”  encargadas de aplicar la norma a rajatabla, ejerciendo una “violencia legítima” en aras de un supuesto orden y tranquilidad. Así confrontaron a los estudiantes, persiguiéndolos, etiquetándolos, agrediéndoles y no ofreciéndoles alternativas reales ni opciones distintas de abordar los problemas en común.


A esto se le tiene que sumar la acción de los grupos porriles que auspiciados por la burocracia universitaria y las autoridades de los diferentes órdenes de gobierno han provocado buena parte de la violencia en el Colegio (Reforma, 6 de febrero del 2013: “Desatan porros riña en CCH Naucalpan”). Sin embargo, para nosotros, como trabajadores de esta universidad, nos resulta de mucha gravedad y nos preocupa que los representantes y comisionados sindicales del CCH Naucalpan no hayan emitido una orientación de acuerdo a lo que establece el Estatuto de nuestra organización sindical, para que los trabajadores no cayeran en la provocación ni en la confrontación que la autoridad universitaria tenía ya previstas, seguramente por sus intereses personales o de grupo de poder les fue y es más conveniente estar del lado de la burocracia universitaria.



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En medio de esto, pareciera que la reforma a los planes de estudio de los CCH´s es un asunto de tercer plano, lo mismo ocurre con la “reforma educativa”, esas verdaderas discusiones son relegadas por las noticias amarillistas bombardeadas masivamente a través de les oligopolios de la televisión y la radio, noticias que enfatizan aquello que llaman “violencia irracional” del sector popular guerrerense y estudiantil.


A todas luces, la creciente rispidez entre los sectores universitarios pretende dividir a la comunidad, para ejercer y justificar la supuesta “violencia legítima”, para que vuelva el “orden y tranquilidad”. Una salida violenta podría haber sentado el precedente para solucionar así cualquier próxima “toma” de instalaciones universitarias por parte de alumnos, académicos o trabajadores.




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El día de hoy el desalojo de la Rectoría efectuado por los mismos alumnos del CCH Naucalpan en aras de evitar la polarización de la comunidad universitaria y atendiendo la propuesta de diálogo de las autoridades universitarias, muestra que las causas profundas que motivaron las acciones que emprendieron fueron la cerrazón al dialogo, el hostigamiento y la violencia institucional de la que son sujetos, así como el linchamiento mediático y cerrado a la reflexión crítica. Es imperativa la articulación de los sectores críticos de la comunidad universitaria, trabajadores, alumnos y académicos, para el trabajo político que desde las bases pueda transformar la vida universitaria, solucionar los problemas que nos aquejan y enfrentar los peligros que implica la nueva oleada neoliberal.

COLECTIVO 27 DE MARZO STUNAM
1° MAYO DE 2013