miércoles, 13 de febrero de 2013

L@S TRABAJADOR@S ANTE LA PROBLEMÁTICA DEL CCH NAUCALPAN


“La Universidad es una institución 

pública que forma parte de la sociedad 

mexicana, por ello, comparte y 

reproduce en sí misma las 

contradicciones y características de 

ésta.”


“La Universidad también es sensible a 

la influencia que sobre su quehacer  

ejercen las clases explotadas de la 

sociedad […] las luchas desplegadas por 

los universitarios democráticos: 

trabajadores académicos, 

administrativos y estudiantes, han 

contribuido a la modificación de su 

función social sentando las bases para 

su transformación democrática. El 

hecho de que el STUNAM sea un 

sindicato que actúa en la Universidad y 

comparta su problemática, le da a su 

acción una proyección especial: el de 

ser promotor y partícipe activo en la 

lucha por democratizar esta institución 

[…] reorientando los contenidos y 

objetivos correspondientes,  mediante 

el diseño, discusión e implementación 

de proyectos específicos en todas y cada 

una de las actividades universitarias.


El STUNAM se manifiesta en contra de 
la política autoritaria que implementan 
en la UNAM los representantes del 
Estado que la dirigen: política 
orientada […] a impedir la 
participación creadora de todos los 
universitarios en el gobierno de la 
institución […].”

Fragmentos de la Declaración de Principios 

contenida en el Estatuto del STUNAM 


Subsumidos en un contexto social de violencia extrema, guerra, miedo, desconfianza,  discriminación, pobreza y falta de oportunidades. Exentos de Justicia y en medio de desigualdades generadas por los ajustes estructurales impuestos a las naciones, ejecutados por los aparatos políticos, industriales y de Estado: tales como la privatización de la seguridad social, la salud, la educación, nuestros recursos naturales estratégicos y la pauperización de nuestra fuerza de trabajo. Estos son los factores que influyen negativamente en  las diferentes formas y acciones de nuestra vida social actual. Por la complejidad del momento que vivimos –de crisis civilizatoria, dónde es puesta en peligro la vida misma– es imperativo que se abra la discusión en el gremio stunamita para aclarar, reorganizar y analizar desde el punto de vista de los trabajadores el cómo, el cuándo y el porqué de la lucha sindical contra aquellos determinantes sociopolíticos y económicos causantes de tanta penuria y violencia.

El desastre de país que dejaron los gobiernos panistas parece prolongarse con la sucesión priísta en el ejecutivo, tendencia que se comprueba ya en estos pocos meses tanto en los discursos demagógicos pero sobre todo en la práctica política de los flamantes gobernantes, misma que se manifiesta en la aprobación de las cacareadas reformas que van en el sentido de un supuesto “progreso y desarrollo” acorde a la modernidad capitalista globalizada. Con la creciente indignación y descontento de las clases sociales que han sufrido las consecuencias de las políticas aplicadas para despojarles de su trabajo, lanzándoles a la calle y a la penuria (SME, Mexicana de Aviación) o arrebatándoles para siempre a sus seres queridos (Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad), surge la movilización social, con determinación y esperanza, emanada de la resistencia de nuestros hermanos de la Sexta, allá en la Selva Lacandona, de los campesinos en Huexca, de los comuneros en Atenco, Cherán y Guerrero, de los Wixarika en Wirikuta y de los estudiantes integrantes del #YoSoy132.

Los jóvenes, los trabajadores,  los profesores, los universitarios, la comunidad, desarrollamos nuestras actividades y nuestras vidas en esta casa de estudios. Más allá de los interés de gremios o grupos de poder y los personales, el objetivo originario y constitutivo de nuestra Universidad es la formación de sujetos sociales preparados profesionalmente en los diferentes campos del conocimiento, las ciencias, el arte y la cultura, quienes a su vez reintegrarán en conocimiento y trabajo sus aportes a la humanidad. Como trabajadores administrativos coadyuvamos a esa tarea con el cumplimiento de nuestras labores para que los objetivos fundamentales de la Universidad se alcancen: la docencia, la investigación y la extensión de la cultura. Ese es el sentido fundamental del ser y razón de la organización sindical universitaria.

En este contexto se han venido desarrollando y acrecentando en los últimos meses y fechas recientes, eventos violentos en la Universidad. En particular en el CCH Naucalpan y posteriormente en la Dirección General de los CCHs. Al respecto pensamos que:

1° La violencia no es otra cosa que el resultado del descontento y la falta de opciones para amplios sectores de la sociedad, es la crispación que deja el ninguneo producido por un entorno agresivo que se ha venido estructurando en la comunidad universitaria del CCH Naucalpan,  sobre todo con la llegada de las nuevas autoridades quienes han presentado un “plan de trabajo” que gira en torno a la “seguridad”. Ese tratamiento hostil por parte de las autoridades ha exacerbado la animadversión de algunos trabajadores, profesores y padres de familia respecto a los estudiantes “problemáticos”, llamándoles “mugrosos”, “pandrosos”, “flojos”, “drogadictos”, todos calificativos que se han usado desde el 68’, pasando por el 71´ y hasta nuestras fechas, cuya finalidad es marginar y denostar a los jóvenes que se ven en la necesidad de expresar su descontento y malestar de diferentes maneras: todo lo contrario de los grupos porriles, que durante años han sido sostenidos y tolerados por sectores de la alta burocracia en la UNAM como por el Estado mediante su infiltración, creados como instrumentos de control de la comunidad universitaria y que probablemente constituyan un elemento agravante en el actual conflicto.

2° La pretendida “lucha contra la inseguridad”, por la erradicación del consumo de drogas –incluidas claro está, el tabaco y el alcohol- en las instalaciones del Colegio, por la prohibición de “ventas ilegales”, ha sido estructurada a partir de una visión estrecha que pretende dar solución a esos problemas vía la confrontación, la denuncia y el hostigamiento a los grupos de estudiantes que cuestionan a la autoridad, cuando esta última sostiene un doble discurso acerca del respeto y el diálogo. La dimensión de estos problemas rebasa con mucho los límites del campus ceceachero, es decir, se insertan en los procesos de decadencia social sembrados por treinta años de neoliberalismo. La lógica de la prohibición, de la marginación y de la aplicación de las normas a rajatabla, sin agotar antes la disuasión por el convencimiento, por la puesta en marcha de alternativas a los jóvenes, ello en lugar de “vigilarles” y “denunciarles”. La recuperación del espíritu original del sistema del CCH, la formación de estudiantes conscientes y críticos de la sociedad en la que les ha tocado vivir, es una tarea imperativa.

3° Resulta muy preocupante el papel que han estado jugando algunos trabajadores y delegados sindicales del STUNAM en el CCH Naucalpan. Aliados a las autoridades sin una postura crítica y alternativa, han actuado en confrontación con los estudiantes. Nunca en la historia del sindicalismo universitario, desde sus orígenes y diferentes jornadas de lucha, los estudiantes y trabajadores se habían enfrentado, por el contrario, siempre solidarios y respetuosos de sus demandas y luchas. ¿Cuántas veces las banderas rojinegras del STUNAM fueron respetadas por los estudiantes?, y no sólo eso ¿Cuántas veces han marchado junto a los trabajadores? Ya no hay memoria, ya se han olvidado los dirigentes sindicales. ¿O tal vez es conveniente para sus intereses particulares estar del lado de la burocracia universitaria?, ¿O acaso es la nueva orientación ideológica de la organización sindical?

Ciertamente no podemos estar de acuerdo en que se violenten los espacios y los instrumentos universitarios para dirimir las controversias, y en esto es preciso insistir que la violencia se ha manifestado no sólo en los estudiantes sino también en las autoridades con  las medidas de delirio persecutorio y hostil con la participación de algunos trabajadores sindicalizados a quienes se les ha dado “permiso” para abandonar sus áreas de trabajo para participar en los “rondines” para implantar el “orden”, con la bandera de “aplíquese la Legislación Universitaria”, claro olvidándose de la cantidad de irregularidades, a plena vista, que atañen al funcionamiento de la vida académica y administrativa del colegio en particular, y de las numerosas infracciones a la legislación universitaria y a la bilateralidad entre los trabajadores sindicalizados y la autoridad representante de la UNAM, como es el incumplimiento reiterado de las tareas encomendadas, de la venta ilegal y prohibida de mercancías, de las cajas de ahorro, de las tandas, de las drogas –también incluido el tabaco y el alcohol- que se consume dentro de las instalaciones por parte de algunos trabajadores pero también por burócratas de confianza, etcétera. Está bien que se aplique la Legislación, que se castiguen las conductas dañinas ¡Pero a todos los responsables del deterioro de la vida universitaria!, empezando por los funcionarios y autoridades. En lo que se refiere al STUNAM, es imperiosa la sensibilización de los representantes sindicales para emitir una orientación que guíe la acción de los trabajadores de acuerdo  a los planteamientos de nuestro Estatuto sindical.




Colectivo 27 de Marzo STUNAM                                                                
     

Febrero de 2013, Ciudad Universitaria, México D.F.



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