sábado, 22 de junio de 2013

Entre los muertos (Senki), más que una película de terror, la tragedia de creer que uno "es", lo que se supone que uno "es".

Dir. Milcho Manchevski/Macedonia, Bulgaria, Italia, Alemania, España/2007.

Por Eduardo Ledesma.

Vivir enseña a descubrir lo más importante de la vida misma: cuando ello, vivir, te permite toparte con lo radicalmente diferente. Hace poco ello me sucedió, cuando fui a ver la primera película proveniente de Macedonia que he visto en mi vida. La experiencia cultural de tal encuentro, fue sumamente agradable. Más que por el hecho de tratarse del descubrimiento de una nueva propuesta cinematográfica, lo placentero de la misma, radicó en el hecho de que ése haya sido el tema de la película: el encuentro con lo radicalmente diferente.

El autor abre su película  intempestivamente, dándonos un sentido claro del ritmo que ésta va a emplear, a lo largo de las casi dos horas de la obra, para anclar nuestra conciencia al mundo que retrata. Una de las muchas virtudes del film, a pesar de su tema, es no abusar de las posibilidades estéticas del vértigo. Aquella sólo fue la introducción: El aparatoso accidente automovilístico, en el que Lazar, nuestro protagonista, estuvo a punto de morir, escena que será el gran referente de la intrincada y compleja historia, que se basa en las difíciles relaciones entre los personajes de la trama, basadas, a su vez, en los conflictivos caracteres de éstos últimos. Después, el autor da un salto espléndido, cuando explota su capacidad técnico-cinematográfica, al aprovechar las imágenes propias del paisaje, que remiten a la desolación y angustia de su personaje principal.
  
Esta película, es más que el relato acerca de un hombre que se encuentra con lo sobrenatural, al volver de la muerte, haciendo de su nombre propio (Lazar), más que una azarosa etiqueta, una huella profética de su difícil existir, similar al trazo que hacen los dioses helénicos, al hacer del héroe de la tragedia griega, una huella de sí mismo, una cicatriz de sí mismo, dibujo encarnado de sí y de su propio camino en el mundo, inevitable tal consecuencia, por el cariz, tremendamente metafísico, de la obra que abordo en esta líneas. 



Esta película es acerca de un solo personaje. Éste vive a través de aquellos que lo constriñen, hasta que llega la posibilidad de ser sí mismo, gracias al encuentro con los otros, aquellos fantasmas, aquellos desconocidos, que le ayudan a salvar su propia alma. El director tiene la virtud de explotar un recurso, más que estéticamente admirable: hacer un ejercicio reflexivo, a través de la relación de su personaje principal con el mundo que lo rodea. Ello lo logra, al dejar claro el vínculo doble de nuestro héroe consigo mismo, evidenciando el contradictorio enlace que Lazar tiene, con aquellos que están fuera de la vida misma, a través del retrato, muy bien logrado, de la propia incertidumbre del protagonista, incertidumbre que hace de nuestro héroe un desafortunado enfermo, al tener un pie en el mundo y otro en el más allá. Tal incertidumbre, más que clara, se evidencia en la imagen cinematográfica de los paisajes, siempre multifacética, lo suficientemente profunda, como para hacer del mundo mismo, de la realidad, un puente con el más allá, del cual se habla en el largometraje. 

El uso de los contrastes por parte del director, es fantástico. Con maravillosas imágenes sacadas de algún sueño, logra, a través de una fotografía impecable, la ilusión de una fusión entre el cielo y la tierra, a través de la toma panorámica de la orilla de un lago, cuyo reflejo de un barco, hace creer que éste flota sobre la tierra, elevada ésta última, a su vez, por el falso suelo que es el espejo de agua. Otro ejemplo, es el logro de filmar la oportuna horadación de la luz, a través de una nube, flotando ésta última sobre el lago antes citado. Aquellos son retratos internos, a través de lo externo, que el propio Lazar crea de sí mismo, a través de sus ojos, al mirar tales paisajes. Sin embargo, estas imágenes, tienden a ser sólo una antesala para los desconcertantes encuentros y pistas, que conducen hacia sí mismo al personaje principal, al intentar ir más allá de su herencia anímica, reflejada en un fantasma más hondo, en la mente de nuestro protagonista, personaje eje y espiral hacia el abismo, de la incertidumbre que nuestro héroe es en sí mismo; ese abismo construido, al no saber Lazar, ni siquiera, que él no es quién cree ser. 

La explotación de la faceta onírica de la película, queda brillantemente manejada en las excelentes escenas, pesadillas del afligido hombre retratado en el film. Proféticas, bien realizadas y excelentemente ancladas a la trama, a través de un rico y nítido discurso visual, muy bien logrado, con hondas referencias, al tema tratado en el largo. Las pesadillas de Lazar, son producto de una clase de  conciencia, en pos de la búsqueda del perdón, a través del acto de resarcir el daño causado. Todo ello, se entreteje, brillantemente, a través de una inevitable y necesaria historia de amor, que encumbra al personaje de Menka, excelente y muy bien logrado, en todos los sentidos, el cual se convierte en una Beatriz para Lazar, al centro de un infierno interior, por el cual tiene que a travesar nuestro héroe, para poder rescatarse a sí mismo, salvando el alma de aquellos  que le dieron tal oportunidad. Extraordinaria película.


domingo, 12 de mayo de 2013

Bastardos sin Gloria, Metáforas de la historia de un glorioso bastardo. (Estados Unidos, 2009/Quentin Tarantino).




Por Eduardo Ledesma.


Tarantino, una vez más, consigue dar constancia del altísimo nivel que tiene como creador y como cineasta, a través de su película: Bastardos sin Gloria (Inglorious Bastards). La sorpresa se hace más grata, cuando Tarantino logra llevar a cabo, la redimension de un hecho histórico tan importante, como la persecución Nazi en contra del pueblo judío, retratada en kilómetros de celuoide, a lo largo de la historia del cine, siendo éste último, en buena medida, el gran medio que ha registrado la historia reciente de la humanidad, aquél que ha llevado a cabo la gran interpretación, de muchos de los hechos más relevantes, tanto del siglo pasado, como de éste, en el cual vivimos. Tarantino, a través de la adecuada explotación de su recurso favorito: El Western, el cine de acción, aquello que llama Gilles Deleuze en su teoría cinematográfica: La gran forma, lleva a cabo una nueva manera de ir más allá de los lugares comunes, y de redefinir la lectura cinematográfica de lo que fue la Segunda Guerra Mundial.


Una de las expectativas más fehacientes en muchos, era ver el desenvolvimiento que podría tener, una estrella hollywoodense, como lo es Brad Pitt, en un film del polémico creador de Perros de reserva. En tela de juicio, estaban las posibilidades interpretativas del actor estadounidense, aquellas que, quizá, podrían estar alejadas, de las que exige una película de tan importante director, ajeno, en buena medida, a la estética de muchos de los anteriores directores, para los que había trabajado el célebre protagonista, de varios blockbusters de la industria hollywoodense. Sin embrago, las dudas en torno a la colaboración de Pitt con Tarantino, se muestran intrascendentes, frente a la magnitud de la película que analizamos, ya que el papel de Pitt es tremendamente antagónico (incluso menos que eso) y sólo es el motivo de una parodia al cine político-ideológico, hecho en pos del enaltecimiento heroizante de los Estados Unidos, como los grandes salvadores de la humanidad en tan importante conflicto (la Segunda Guerra Mundial), al igual que de sus supuestos héroes. El personaje de Pitt (Aldo “Apache” Rainer), sólo es una ridiculización, una sobre actuación, una pose, diciendo esto sin demeritar el trabajo de Pitt. Al contrario, éste último, logra retratar a la perfección tal parodia, aquella que deseaba llevar a cabo Tarantino. De tal forma, queda claro el porqué de la elección de dicho actor. Es la caricatura del héroe de las películas de posguerra de los Estados Unidos, aquél  “héroe”, que cree saber italiano, y que, siendo de noche, saluda  en tono ridículamente gallardo, diciendo: “Bongiorno”.






Una de las cosas más importantes de las películas de Tarantino, detalle que a su vez es aquello que le permite ir más allá de los clichés, es, sin duda, la ambigüedad no maniqueista de sus personajes. El personaje de Daniel Brül (Fredrick Zoller), que parecía perfilarse como: el joven bueno, simpático y maravilloso, que es un héroe debido a su bondad (la brillante contracara del personaje de Brad Pitt: la caricatura del héroe de guerra, enaltecido a través de la creación de leyendas por parte del cine, como instrumento ideológico), y que por circunstancias ajenas a éste, tal personaje, está del lado de los nazis, pero que se redime por su propia bondad… Tarantino, también rompe con ese lugar común. Éste se quiebra, se desbarata radicalmente, al revelarse tal personaje tal como es: un complejo claroscuro  en la película de Tarantino, no en aquella de la cual él, Fredrick, es protagonista. Tal hecho es parte de la parodia misma, que construye nuestro autor. Tal desvanecimiento, sucede en la escena central del duelo de Zoller, con el personaje de Shosanna Dreyfuss (Magistralmente interpretado por: Mélanie Laurent), duelo de altísimos vuelos poéticos, por la espléndida dimensión trágica que logra construir Tarantino, de la cual tiene tremenda consciencia, como un excelente exégeta de la mejor tradición western del cine, del cine de acción, de aquella gran forma como le llama Gilles Deleuze, insisto.


 Por otro lado, el personaje de Hans Landa (Perfectamente interpretado por Christoph Waltz, correspondiendo plenamente al altísimo nivel histriónico de la película), el enemigo de la historia (magistralmente escrito, hay que decir) representa el más alto nivel al cual ha llegado Tarantino, en su uso del conocimiento de la proteica condición humana. Tal ambigüedad, queda excelentemente reflejada, por sólo poner un ejemplo, en el cruel final en el cual él (Hans Landa) es parte fundamental. Tal escena, culmina el retrato de la complejidad de un psicópata, cuyo carácter bambolea (hablando de las maravillosas ambigüedades tarantinescas), entre la ternura y el sadismo; la gracia y la violencia; lo ridículo y lo magnífico; lo extravagante y lo elegante. Todo lo anterior, hace de tal personaje, quizá, uno de los mejores y más inolvidables que ha creado Tarantino. Su rol, el de dicho personaje (Hans Landa),  anclado en tales ambigüedades, durante el desarrollo del primer capítulo de la película (magnífico, conmovedor, perfecto y poéticamente bien actuado, nuevamente haciendo gala Tarantino de su sobrecogedora conciencia del western, como gran forma del cine y de su dimensión trágico-ritual) es aquél que define el cruel sentido de todo el film, de las maravillosas ambigüedades  de la película, y de la complejidad de sus caracteres, más allá de la sensibilería ramplona, o del lugar común en los cuales se puede caer, al abordar un tema como el del holocausto, tan manoseado, ideológica y emocionalmente, por la industria cinematográfica, a veces de forma brillante, a veces de forma excesiva y a veces con fines de legitimación política, ajenos al contexto histórico del hecho en cuestión.




La lección de Tarantino, la cruel lección, retratada en el epílogo de la película es: En la historia no hay salvadores y verdugos, ni buenos ni malos, todos somos víctimas de los mismos: nosotros mismos, la humanidad. De ahí el brutal y descorazonador cierre, que muestra el sentido de la parodia encarnada en la figura del personaje de Aldo “Apache” Rainer, que rompe con cualquier lectura ideologizada del film, para criticar a “los buenos”, “los salvadores”, que, ejerciendo la violencia y la brutalidad (Estados Unidos) –quizá, en cierta forma, una muy similar a la de los nazis-, son tan indignos de elogio, como los nazis mismos. La ambigüedad metafórica que emplea  Tarantino en su retrato histórico, conlleva una crítica al maniqueísmo de la historia, a la guerra, la violencia, la brutalidad, aquella que se da a través de la brillante parodia que hace Tarantino, a través del excelente cine de acción que sabe hacer (quizá tal crítica es involuntaria por parte de nuestro cineasta… Honestamente, no lo creo: en Tarantino nada es inocente, como escribí líneas antes). No es gratuito un resultado tan excepcional como lo es esta película. Tan perfecto manejo del género, tan citado por mí, el cine de acción, es por lo que, para muchos, él, Tarantino, ha legado una nueva manera de realizar dicho género, reflejada tal influencia, en herederos magníficos de la talla de Jan Kounen, por sólo poner un ejemplo.


El fin del Tercer Reich, es metaforizado espléndidamente, dislocando  la historia, a través de la ficción en la película. Un movimiento, por parte de Tarantino, simplemente brillante (además de audaz, arriesgado y valiente), y qué mejor que a través de uno de los grandes símbolos de la condición humana: el fuego. Elemento purificador, símbolo de la vida y de la muerte, del hogar y del enemigo, así como del conflicto encarnado en la guerra. En este caso, también representa a la venganza. Quizá uno de los movimientos y de las decisiones más brillantes que ha tomado Tarantino como creador, a lo largo de su substanciosa carrera. Bastardos sin Gloria: ¡Magnífica! ¡Excelente!



miércoles, 1 de mayo de 2013

DE VIDRIOS ROTOS Y VIOLENCIA ESTRUCTURAL EN MÉXICO



Desde su fundación y por su naturaleza, el Colegio de Ciencias  y Humanidades (por cierto, hoy Escuela Nacional, como consecuencia de las reformas que se hicieron a partir del año de 1995 y que también implicaron la desaparición de las materias de Ética y Estética) es una  institución  que va de la mano de la revisión y superación constante de los programas académicos, pero siempre en la perspectiva filosófica que le dio sustento:

En un principio el modelo educativo del CCH partía de: […] la crítica al enciclopedismo, como tendencia educativa […]. Y buscaba: […] El impulso a un plan de estudios que proponía formar un tipo de cultura que privilegiara el aprender a aprender […]. En donde: […] la concepción del maestro como orientador en el proceso de aprendizaje y promotor de la enseñanza activa; el profesor como guía y compañero […]” 

(Gaceta UNAM, 1º Febrero 1971).     
                                                    .

Sin embargo, en nuestros días reformar significa adecuar los planes de estudio para capacitar a los estudiantes de acuerdo a los requerimientos del mercado, formando cuadros técnicos medianamente calificados, “competitivos” y “emprendedores”.


Ante los acontecimientos y las reacciones que han escalado preocupantemente debido a la “toma” de la Rectoría de la UNAM y a las movilizaciones de maestros disidentes  y normalistas en varios estados de la nación contra la reforma educativa  – “[…] autoritaria […] producto de un acuerdo cupular de la partidocracia para mantener la violencia estructural generada desde arriba […].”(Fazio, 2013) – las autoridades de diferentes instituciones, del gobierno local y federal, empresarios, políticos y los medios masivos de comunicación, han emprendido una campaña nacional de desprestigio  y confrontación dirigida hacia los jóvenes, los estudiantes, los maestros disidentes y en general hacia los sujetos sociales de transformación, críticos y organizados, contestatarios de las medidas autoritarias implementadas unilateral y verticalmente, etiquetándolos y estereotipándolos como “violentos”, “salvajes”, “vándalos”, “terroristas”, “intransigentes”, entre otros calificativos despectivos.


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Días después de la pasada “toma” de la Dirección General de los CCH´s, el Secretario General del STUNAM enérgicamente calificó ante los medios de comunicación de “terroristas”  a los estudiantes del Colegio de Naucalpan, sin embargo, y poco tiempo después, ante el hecho atroz y cobarde del asesinato a mansalva de un miembro de la comunidad universitaria –un joven trabajador del CCH Naucalpan y estudiante de la FES Acatlán– a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, de los detentores del uso de la “violencia legítima”: la Policía Federal; se guardó silencio (La jornada, 11 de abril de 2013: “Seis policías federales detenidos por muerte de estudiante de la UNAM.”). Para ningún representante de los trabajadores ni de las autoridades de la UNAM, ni siquiera de la propia comunidad universitaria ese acontecimiento trágico ha ameritado alguna declaración enérgica de condena y aplicación de la justicia, es como si esta violencia estatal, estructural y atroz se banalizara, se diluyera entre cifras de muertos, desaparecidos, daños colaterales y leyes para víctimas. La sociedad subordinada al Estado y al capital manifiesta una no-política, esto es, una incapacidad para romper con esa violencia de estado, tiene la convicción de que la paz y tranquilidad perpetuas no son muy lejanas de alcanzar; cree en verdad que no es posible utilizar la violencia como irrupción social necesaria contra la “violencia legítima” del Estado, esa que en los últimos años ha cobrado más de cien mil vidas en nuestro México.


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Se dice que la violencia genera violencia, en el CCH Naucalpan con la llegada del nuevo Director, Joaquín Barajas Sánchez, a la par de que  se deslizaba la reforma al plan de estudios de los CCH´s, comenzó a estructurarse un plan en torno a la “seguridad” que implicó la participación de algunos  trabajadores administrativos y académicos, de funcionarios y autoridades, de algunos padres de familia, en las llamadas “comisiones de seguridad”  encargadas de aplicar la norma a rajatabla, ejerciendo una “violencia legítima” en aras de un supuesto orden y tranquilidad. Así confrontaron a los estudiantes, persiguiéndolos, etiquetándolos, agrediéndoles y no ofreciéndoles alternativas reales ni opciones distintas de abordar los problemas en común.


A esto se le tiene que sumar la acción de los grupos porriles que auspiciados por la burocracia universitaria y las autoridades de los diferentes órdenes de gobierno han provocado buena parte de la violencia en el Colegio (Reforma, 6 de febrero del 2013: “Desatan porros riña en CCH Naucalpan”). Sin embargo, para nosotros, como trabajadores de esta universidad, nos resulta de mucha gravedad y nos preocupa que los representantes y comisionados sindicales del CCH Naucalpan no hayan emitido una orientación de acuerdo a lo que establece el Estatuto de nuestra organización sindical, para que los trabajadores no cayeran en la provocación ni en la confrontación que la autoridad universitaria tenía ya previstas, seguramente por sus intereses personales o de grupo de poder les fue y es más conveniente estar del lado de la burocracia universitaria.



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En medio de esto, pareciera que la reforma a los planes de estudio de los CCH´s es un asunto de tercer plano, lo mismo ocurre con la “reforma educativa”, esas verdaderas discusiones son relegadas por las noticias amarillistas bombardeadas masivamente a través de les oligopolios de la televisión y la radio, noticias que enfatizan aquello que llaman “violencia irracional” del sector popular guerrerense y estudiantil.


A todas luces, la creciente rispidez entre los sectores universitarios pretende dividir a la comunidad, para ejercer y justificar la supuesta “violencia legítima”, para que vuelva el “orden y tranquilidad”. Una salida violenta podría haber sentado el precedente para solucionar así cualquier próxima “toma” de instalaciones universitarias por parte de alumnos, académicos o trabajadores.




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El día de hoy el desalojo de la Rectoría efectuado por los mismos alumnos del CCH Naucalpan en aras de evitar la polarización de la comunidad universitaria y atendiendo la propuesta de diálogo de las autoridades universitarias, muestra que las causas profundas que motivaron las acciones que emprendieron fueron la cerrazón al dialogo, el hostigamiento y la violencia institucional de la que son sujetos, así como el linchamiento mediático y cerrado a la reflexión crítica. Es imperativa la articulación de los sectores críticos de la comunidad universitaria, trabajadores, alumnos y académicos, para el trabajo político que desde las bases pueda transformar la vida universitaria, solucionar los problemas que nos aquejan y enfrentar los peligros que implica la nueva oleada neoliberal.

COLECTIVO 27 DE MARZO STUNAM
1° MAYO DE 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

L@S TRABAJADOR@S ANTE LA PROBLEMÁTICA DEL CCH NAUCALPAN


“La Universidad es una institución 

pública que forma parte de la sociedad 

mexicana, por ello, comparte y 

reproduce en sí misma las 

contradicciones y características de 

ésta.”


“La Universidad también es sensible a 

la influencia que sobre su quehacer  

ejercen las clases explotadas de la 

sociedad […] las luchas desplegadas por 

los universitarios democráticos: 

trabajadores académicos, 

administrativos y estudiantes, han 

contribuido a la modificación de su 

función social sentando las bases para 

su transformación democrática. El 

hecho de que el STUNAM sea un 

sindicato que actúa en la Universidad y 

comparta su problemática, le da a su 

acción una proyección especial: el de 

ser promotor y partícipe activo en la 

lucha por democratizar esta institución 

[…] reorientando los contenidos y 

objetivos correspondientes,  mediante 

el diseño, discusión e implementación 

de proyectos específicos en todas y cada 

una de las actividades universitarias.


El STUNAM se manifiesta en contra de 
la política autoritaria que implementan 
en la UNAM los representantes del 
Estado que la dirigen: política 
orientada […] a impedir la 
participación creadora de todos los 
universitarios en el gobierno de la 
institución […].”

Fragmentos de la Declaración de Principios 

contenida en el Estatuto del STUNAM 


Subsumidos en un contexto social de violencia extrema, guerra, miedo, desconfianza,  discriminación, pobreza y falta de oportunidades. Exentos de Justicia y en medio de desigualdades generadas por los ajustes estructurales impuestos a las naciones, ejecutados por los aparatos políticos, industriales y de Estado: tales como la privatización de la seguridad social, la salud, la educación, nuestros recursos naturales estratégicos y la pauperización de nuestra fuerza de trabajo. Estos son los factores que influyen negativamente en  las diferentes formas y acciones de nuestra vida social actual. Por la complejidad del momento que vivimos –de crisis civilizatoria, dónde es puesta en peligro la vida misma– es imperativo que se abra la discusión en el gremio stunamita para aclarar, reorganizar y analizar desde el punto de vista de los trabajadores el cómo, el cuándo y el porqué de la lucha sindical contra aquellos determinantes sociopolíticos y económicos causantes de tanta penuria y violencia.

El desastre de país que dejaron los gobiernos panistas parece prolongarse con la sucesión priísta en el ejecutivo, tendencia que se comprueba ya en estos pocos meses tanto en los discursos demagógicos pero sobre todo en la práctica política de los flamantes gobernantes, misma que se manifiesta en la aprobación de las cacareadas reformas que van en el sentido de un supuesto “progreso y desarrollo” acorde a la modernidad capitalista globalizada. Con la creciente indignación y descontento de las clases sociales que han sufrido las consecuencias de las políticas aplicadas para despojarles de su trabajo, lanzándoles a la calle y a la penuria (SME, Mexicana de Aviación) o arrebatándoles para siempre a sus seres queridos (Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad), surge la movilización social, con determinación y esperanza, emanada de la resistencia de nuestros hermanos de la Sexta, allá en la Selva Lacandona, de los campesinos en Huexca, de los comuneros en Atenco, Cherán y Guerrero, de los Wixarika en Wirikuta y de los estudiantes integrantes del #YoSoy132.

Los jóvenes, los trabajadores,  los profesores, los universitarios, la comunidad, desarrollamos nuestras actividades y nuestras vidas en esta casa de estudios. Más allá de los interés de gremios o grupos de poder y los personales, el objetivo originario y constitutivo de nuestra Universidad es la formación de sujetos sociales preparados profesionalmente en los diferentes campos del conocimiento, las ciencias, el arte y la cultura, quienes a su vez reintegrarán en conocimiento y trabajo sus aportes a la humanidad. Como trabajadores administrativos coadyuvamos a esa tarea con el cumplimiento de nuestras labores para que los objetivos fundamentales de la Universidad se alcancen: la docencia, la investigación y la extensión de la cultura. Ese es el sentido fundamental del ser y razón de la organización sindical universitaria.

En este contexto se han venido desarrollando y acrecentando en los últimos meses y fechas recientes, eventos violentos en la Universidad. En particular en el CCH Naucalpan y posteriormente en la Dirección General de los CCHs. Al respecto pensamos que:

1° La violencia no es otra cosa que el resultado del descontento y la falta de opciones para amplios sectores de la sociedad, es la crispación que deja el ninguneo producido por un entorno agresivo que se ha venido estructurando en la comunidad universitaria del CCH Naucalpan,  sobre todo con la llegada de las nuevas autoridades quienes han presentado un “plan de trabajo” que gira en torno a la “seguridad”. Ese tratamiento hostil por parte de las autoridades ha exacerbado la animadversión de algunos trabajadores, profesores y padres de familia respecto a los estudiantes “problemáticos”, llamándoles “mugrosos”, “pandrosos”, “flojos”, “drogadictos”, todos calificativos que se han usado desde el 68’, pasando por el 71´ y hasta nuestras fechas, cuya finalidad es marginar y denostar a los jóvenes que se ven en la necesidad de expresar su descontento y malestar de diferentes maneras: todo lo contrario de los grupos porriles, que durante años han sido sostenidos y tolerados por sectores de la alta burocracia en la UNAM como por el Estado mediante su infiltración, creados como instrumentos de control de la comunidad universitaria y que probablemente constituyan un elemento agravante en el actual conflicto.

2° La pretendida “lucha contra la inseguridad”, por la erradicación del consumo de drogas –incluidas claro está, el tabaco y el alcohol- en las instalaciones del Colegio, por la prohibición de “ventas ilegales”, ha sido estructurada a partir de una visión estrecha que pretende dar solución a esos problemas vía la confrontación, la denuncia y el hostigamiento a los grupos de estudiantes que cuestionan a la autoridad, cuando esta última sostiene un doble discurso acerca del respeto y el diálogo. La dimensión de estos problemas rebasa con mucho los límites del campus ceceachero, es decir, se insertan en los procesos de decadencia social sembrados por treinta años de neoliberalismo. La lógica de la prohibición, de la marginación y de la aplicación de las normas a rajatabla, sin agotar antes la disuasión por el convencimiento, por la puesta en marcha de alternativas a los jóvenes, ello en lugar de “vigilarles” y “denunciarles”. La recuperación del espíritu original del sistema del CCH, la formación de estudiantes conscientes y críticos de la sociedad en la que les ha tocado vivir, es una tarea imperativa.

3° Resulta muy preocupante el papel que han estado jugando algunos trabajadores y delegados sindicales del STUNAM en el CCH Naucalpan. Aliados a las autoridades sin una postura crítica y alternativa, han actuado en confrontación con los estudiantes. Nunca en la historia del sindicalismo universitario, desde sus orígenes y diferentes jornadas de lucha, los estudiantes y trabajadores se habían enfrentado, por el contrario, siempre solidarios y respetuosos de sus demandas y luchas. ¿Cuántas veces las banderas rojinegras del STUNAM fueron respetadas por los estudiantes?, y no sólo eso ¿Cuántas veces han marchado junto a los trabajadores? Ya no hay memoria, ya se han olvidado los dirigentes sindicales. ¿O tal vez es conveniente para sus intereses particulares estar del lado de la burocracia universitaria?, ¿O acaso es la nueva orientación ideológica de la organización sindical?

Ciertamente no podemos estar de acuerdo en que se violenten los espacios y los instrumentos universitarios para dirimir las controversias, y en esto es preciso insistir que la violencia se ha manifestado no sólo en los estudiantes sino también en las autoridades con  las medidas de delirio persecutorio y hostil con la participación de algunos trabajadores sindicalizados a quienes se les ha dado “permiso” para abandonar sus áreas de trabajo para participar en los “rondines” para implantar el “orden”, con la bandera de “aplíquese la Legislación Universitaria”, claro olvidándose de la cantidad de irregularidades, a plena vista, que atañen al funcionamiento de la vida académica y administrativa del colegio en particular, y de las numerosas infracciones a la legislación universitaria y a la bilateralidad entre los trabajadores sindicalizados y la autoridad representante de la UNAM, como es el incumplimiento reiterado de las tareas encomendadas, de la venta ilegal y prohibida de mercancías, de las cajas de ahorro, de las tandas, de las drogas –también incluido el tabaco y el alcohol- que se consume dentro de las instalaciones por parte de algunos trabajadores pero también por burócratas de confianza, etcétera. Está bien que se aplique la Legislación, que se castiguen las conductas dañinas ¡Pero a todos los responsables del deterioro de la vida universitaria!, empezando por los funcionarios y autoridades. En lo que se refiere al STUNAM, es imperiosa la sensibilización de los representantes sindicales para emitir una orientación que guíe la acción de los trabajadores de acuerdo  a los planteamientos de nuestro Estatuto sindical.




Colectivo 27 de Marzo STUNAM                                                                
     

Febrero de 2013, Ciudad Universitaria, México D.F.