sábado, 22 de junio de 2013

Entre los muertos (Senki), más que una película de terror, la tragedia de creer que uno "es", lo que se supone que uno "es".

Dir. Milcho Manchevski/Macedonia, Bulgaria, Italia, Alemania, España/2007.

Por Eduardo Ledesma.

Vivir enseña a descubrir lo más importante de la vida misma: cuando ello, vivir, te permite toparte con lo radicalmente diferente. Hace poco ello me sucedió, cuando fui a ver la primera película proveniente de Macedonia que he visto en mi vida. La experiencia cultural de tal encuentro, fue sumamente agradable. Más que por el hecho de tratarse del descubrimiento de una nueva propuesta cinematográfica, lo placentero de la misma, radicó en el hecho de que ése haya sido el tema de la película: el encuentro con lo radicalmente diferente.

El autor abre su película  intempestivamente, dándonos un sentido claro del ritmo que ésta va a emplear, a lo largo de las casi dos horas de la obra, para anclar nuestra conciencia al mundo que retrata. Una de las muchas virtudes del film, a pesar de su tema, es no abusar de las posibilidades estéticas del vértigo. Aquella sólo fue la introducción: El aparatoso accidente automovilístico, en el que Lazar, nuestro protagonista, estuvo a punto de morir, escena que será el gran referente de la intrincada y compleja historia, que se basa en las difíciles relaciones entre los personajes de la trama, basadas, a su vez, en los conflictivos caracteres de éstos últimos. Después, el autor da un salto espléndido, cuando explota su capacidad técnico-cinematográfica, al aprovechar las imágenes propias del paisaje, que remiten a la desolación y angustia de su personaje principal.
  
Esta película, es más que el relato acerca de un hombre que se encuentra con lo sobrenatural, al volver de la muerte, haciendo de su nombre propio (Lazar), más que una azarosa etiqueta, una huella profética de su difícil existir, similar al trazo que hacen los dioses helénicos, al hacer del héroe de la tragedia griega, una huella de sí mismo, una cicatriz de sí mismo, dibujo encarnado de sí y de su propio camino en el mundo, inevitable tal consecuencia, por el cariz, tremendamente metafísico, de la obra que abordo en esta líneas. 



Esta película es acerca de un solo personaje. Éste vive a través de aquellos que lo constriñen, hasta que llega la posibilidad de ser sí mismo, gracias al encuentro con los otros, aquellos fantasmas, aquellos desconocidos, que le ayudan a salvar su propia alma. El director tiene la virtud de explotar un recurso, más que estéticamente admirable: hacer un ejercicio reflexivo, a través de la relación de su personaje principal con el mundo que lo rodea. Ello lo logra, al dejar claro el vínculo doble de nuestro héroe consigo mismo, evidenciando el contradictorio enlace que Lazar tiene, con aquellos que están fuera de la vida misma, a través del retrato, muy bien logrado, de la propia incertidumbre del protagonista, incertidumbre que hace de nuestro héroe un desafortunado enfermo, al tener un pie en el mundo y otro en el más allá. Tal incertidumbre, más que clara, se evidencia en la imagen cinematográfica de los paisajes, siempre multifacética, lo suficientemente profunda, como para hacer del mundo mismo, de la realidad, un puente con el más allá, del cual se habla en el largometraje. 

El uso de los contrastes por parte del director, es fantástico. Con maravillosas imágenes sacadas de algún sueño, logra, a través de una fotografía impecable, la ilusión de una fusión entre el cielo y la tierra, a través de la toma panorámica de la orilla de un lago, cuyo reflejo de un barco, hace creer que éste flota sobre la tierra, elevada ésta última, a su vez, por el falso suelo que es el espejo de agua. Otro ejemplo, es el logro de filmar la oportuna horadación de la luz, a través de una nube, flotando ésta última sobre el lago antes citado. Aquellos son retratos internos, a través de lo externo, que el propio Lazar crea de sí mismo, a través de sus ojos, al mirar tales paisajes. Sin embargo, estas imágenes, tienden a ser sólo una antesala para los desconcertantes encuentros y pistas, que conducen hacia sí mismo al personaje principal, al intentar ir más allá de su herencia anímica, reflejada en un fantasma más hondo, en la mente de nuestro protagonista, personaje eje y espiral hacia el abismo, de la incertidumbre que nuestro héroe es en sí mismo; ese abismo construido, al no saber Lazar, ni siquiera, que él no es quién cree ser. 

La explotación de la faceta onírica de la película, queda brillantemente manejada en las excelentes escenas, pesadillas del afligido hombre retratado en el film. Proféticas, bien realizadas y excelentemente ancladas a la trama, a través de un rico y nítido discurso visual, muy bien logrado, con hondas referencias, al tema tratado en el largo. Las pesadillas de Lazar, son producto de una clase de  conciencia, en pos de la búsqueda del perdón, a través del acto de resarcir el daño causado. Todo ello, se entreteje, brillantemente, a través de una inevitable y necesaria historia de amor, que encumbra al personaje de Menka, excelente y muy bien logrado, en todos los sentidos, el cual se convierte en una Beatriz para Lazar, al centro de un infierno interior, por el cual tiene que a travesar nuestro héroe, para poder rescatarse a sí mismo, salvando el alma de aquellos  que le dieron tal oportunidad. Extraordinaria película.


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