domingo, 22 de mayo de 2011

APUNTES SOBRE LA DESESPERANZA.



Erich Fromm

Efectivamente la sociedad padece una crisis civilizatoria sin precedentes, abundan los datos y las estadísticas en análisis y estudios de especialistas sobre ello,  pero la realidad es más cruda y demoledora esta manifiesta en el paso aletargado de miles y miles de personas por las calles, el metro, en las avenidas con anuncios espectaculares, en los rostros impávidos y grises de trabajadores,  aturdidos no solo por el vocerío de los miles de vendedores ambulantes que en vano ofrecen baratijas al por mayor, sino por los discursos, las mentiras, los horrores, los cinismos de gobernante y potentados, la perversa influencia de los medios  de información más no de comunicación, porque del otro lado no hay interlocutores sino simples oyentes o pasivos televidentes; nadie acierta a una expresión de tristeza ni de enojo cuando un joven deja caer su cuerpo lacerado ya sobre un montón de vidrios en pedazos para conmover a los “espectadores” y obtener una moneda que tampoco a nadie le alcanza, pero ni una lagrima, nada motiva  a la masa enajenada, la desesperanza cunde por doquier: “en la sociedad tecnetrónica el rumbo al parecer lo marcara la suma del apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados  que caerán fácilmente dentro del radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotaran de modo efectivo las técnicas más recientes de comunicación para manipular las emociones y controlar la nación “. (Zbigniew Brzezinski)


Sociedad enajenada

La historia de la humanidad ha sido la lucha por la explotación y el dominio de la naturaleza para satisfacer sus necesidades de sobrevivencia,  el conocimiento y la tecnología desarrollada permitieron alcanzar ese objetivo, pero “…el hincapié unilateral que el hombre puso en la técnica y en el consumo material hizo que perdiera el contacto con el mismo y con la vida” (Erich Fromm). La construcción del proyecto civilizatorio que hoy vivimos ha implicado la movilización frecuente de masas de trabajadores y de recursos naturales, qué han favorecido un sistema económico que ha madurado con la condición de obtener siempre ganancias, aunque se produzcan cosas, muchas innecesarias y que no solamente eso, sino que amenazan gravemente con destruirnos físicamente: ríos contaminados, ciclos naturales y ecosistemas destruidos por la depredación y el crecimiento económico voraz la creación de armas letales de origen bilógico o  nuclear.


Devastación en Hiroshima

La humanidad desesperanzada  tiene que buscar su resurrección, es decir, no la creación de otra realidad después de la vida”, sino “…la transformación  de esta realidad encaminada a aumentar la vida. Cada acto de amor, de conciencia y de compasión es resurrección; cada acto de pereza, de avidez y de egoísmo es muerte. La existencia nos enfrenta en cada momento con la alternativa entre resurrección y muerte, y en todo momento respondemos. La respuesta no consiste en aquello que decimos o pensamos, sino en lo que somos, en el modo que obramos, en el lugar en el que nos desenvolvemos”. (Erich Fromm)


Para transformar la realidad en  un sentido que permita a los hombres llevar las riendas de su vida es condición imprescindible enfrentar la desesperanza, primero reconociendo que existe, y después construir las alternativas y las opciones junto con las acciones que hagan posible otra realidad, de tal manera que nos haga recuperar la esperanza de que un mundo mejor es posible.


Escrito por Colectivo 27 de Marzo STUNAM.


En la imagen el filósofo Erich Fromm (dar click en la foto para leer más sobre él).

Fuente:

Fromm, Erich (1970) "La Revolución de la Esperanza". Editorial Fondo de Cultura

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